Adviento

Por: Armando Cavazos Regalado

Este domingo inició la época de Adviento, término que tiene su origen en el latín adventus, cuyo significado es venida; se trata del tiempo en que la Iglesia Católica renueva la esperanza en la llegada de Cristo para sellar la definitiva y nueva alianza de Dios con los hombres.

Aunque la época de navidad parece haber comenzado semanas atrás, es justo con el Adviento que se da el “banderazo oficial” para el arranque de la temporada; por otra parte, si hablamos del aspecto comercial, tendríamos que trasladarnos a finales de octubre, cuando las ofertas anticipadas y los separados están a disposición de los clientes que prefieren evitar las compras de pánico.

La comercialización ha ganado terreno, por lo que muchas personas se concentran en las fiestas, que no necesariamente son posadas; en la compra de regalos para cumplir con cada uno de los intercambios en los que su nombre está apuntado; aunado a los compromisos con la familia, los amigos cercanos y hasta de relaciones públicas, por aquello de los jefes o compañeros de trabajo, que estratégicamente son incluidos en la lista.

Tampoco se trata de darle una connotación negativa a los festejos o regalos, sino de retomar el sentido auténtico de la navidad, que tiene su máxima expresión en el nacimiento de Cristo, quien por cierto llegó en una familia conformada por la Virgen María y San José, lo que nos invita a reflexionar sobre la importancia implícita del concepto de familia; en un pesebre, sin los lujos ni ostentosidades que como Hijo de Dios merece, hecho que nos habla de la humildad a la que todos estamos llamados.

Es en el Adviento donde encontramos la oportunidad de fortalecer la fe y la esperanza; de vencer el miedo a ser mejor en cada rol que se juega diariamente; de reunirse en familia para agradecer, soñar y planear, pues ahí es donde está el punto de partida y de llegada del ser humano.
¿Qué tal la idea de evitar los regalos materiales y en cambio regalar tiempo de convivencia real y efectiva con la familia?, por supuesto dejando a un lado la tecnología que tanto nos distrae y sin limitarse sin limitarse a la cena de nochebuena o al recalentado de navidad. Quizá sea fácil responder un “si”, pero el reto está en llevarlo a la práctica.

Vale la pena vivir este Adviento en la reflexión, para lograr un crecimiento espiritual que se traslade a lo cotidiano; así de sencillo es lo que nos pide Cristo con su llegada.

Bendiciones para esta semana.

Armando Cavazos Regalado
Jefe de Comunicación y Medios de la Arquidiócesis de Monterrey