El aire que respiramos (Parte 1 de 4)

Por Ing. Roberto Russildi Montellano / Secretario de Desarrollo Sustentable

Durante el año 2016, dos de cada tres días quienes vivimos en el área metropolitana de Monterrey respiramos aire de mala calidad. Dos de cada tres días estuvimos expuestos a niveles de contaminantes que dañan nuestra salud y nuestro medio ambiente.

Esta tendencia no es nueva: tenemos más de diez años con preocupantes niveles de contaminación atmosférica. Por poner un ejemplo, en el año 2009 tuvimos 275 días con niveles de emisiones que sobrepasaron las normas nacionales.

Llevamos décadas acumulando emisiones, con escasa regulación y prácticamente nula prevención.

Las consecuencias impactan desde lo más personal, la salud de cada uno de nosotros, hasta lo colectivo y que todos compartimos: nuestra economía y nuestro medio ambiente. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estimó el impacto de la contaminación en términos de enfermedades, pérdida de productividad laboral, cargo de hospitales e ingresos perdidos, en un costo para México de más de 39 mil millones de dólares en el año 2010.

Esto se traduce en vidas truncadas, oportunidades laborales perdidas; en espacios de esparcimiento reducido; menor capacidad de sobresalir laboralmente y de mejorar el ingreso del hogar y, finalmente, en una ciudad menos habitable.

A la pregunta de qué provoca la contaminación, se puede responder con cuatro tipos de causas: aquellas propias de la naturaleza (desiertos, tierra erosionada, incendios forestales) y las provocadas por nosotras las personas, o causas antropogénicas. Éstas últimas son precisamente sobre las cuales podemos intervenir: la industria, las actividades comerciales y domésticas, los espacios dentro de la ciudad como plazas públicas o caminos tierrosos y los vehículos.

La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente reconoce tres autoridades responsables de atender la contaminación: la federación, vía la Secretaría del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, el Gobierno del Estado y los gobiernos municipales.

La dimensión del reto de limpiar el aire requiere de la intervención de cada una de estas instituciones de forma decidida. La ciudad no puede seguir posponiendo la atención urgente de un problema que nos afecta a todos de manera directa y cotidiana. Para esto es preciso que cada uno de los responsables de la regulación de la calidad del aire intervengan directamente en sus áreas de competencia.

La Secretaría de Desarrollo Sustentable asume el liderazgo de esta labor planteando atender todas las fuentes de emisiones contaminantes exhortando y llamando a la coordinación y cooperación con las demás autoridades para legislar y vigilar la calidad de nuestro aire, sancionando cuando sea necesario a quienes no respeten la normativa; para incentivar a la autorregulación y promover iniciativas de cambios culturales orientados a la protección del medioambiente; para ofrecer información en el tema y convocar a la ciudadanía a participar como vigías del aire, así como para realizar cambios en su vida cotidiana que nos ayuden a tener un aire más limpio.

La calidad de nuestro aire no puede estar en segundo plano sobre intereses económicos o políticos: cada uno de quienes habitamos esta ciudad dependemos de su limpieza para tener una vida plena.

roberto.russildi@nuevoleon.gob.mx