El aire que respiramos (Parte 3 de 4)

Por Roberto Russildi Montellano / Secretario de Desarrollo Sustentable

“A uno debe importarle el mundo que uno no verá” – Bertrand Russell

En economía, dentro de la clasificación de bienes existentes, está una categoría muy particular: los bienes públicos puros. Este tipo de bienes tienen dos características principales: no presentan rivalidad ni exclusión en su consumo. El aire es uno de los ejemplos paradigmáticos de esta noción: el que una persona respire aire, no priva a los demás de hacerlo, además, el aire está disponible para todas las personas.

Lo he dicho antes: el aire es sumamente democrático, no distingue de características personales para poder ser respirado. Sin embargo, esto también conlleva que su cuidado se haya desatendido: es gratis, está disponible para todos y en cantidades inconmensurables.

Y en la misma medida, revertir la contaminación que tenemos el día de hoy en nuestra atmósfera requiere de la intervención de cada una de las autoridaes y ciudadanos. Detallo.

De acuerdo a la legislación nacional existente, particularmente a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) establece qué tipo de fuentes, sea industria, actividaes domésticas, vehículos o zonas, corresponde a cada autoridad regular. Las autoridades involucradas son la federación, el gobierno del estado y las autoridades municipales.

En primer lugar, la federación, vía la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), junto con su brazo de procuración de justicia, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), y su brazo regulador de hidrocarburos, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA). De acuerdo a la LEGEEPA, a la federación toca la regulación de la industria pesada, como la petroquímica, la metalúrgica, generación de energía eléctrica, automotriz y el tratamiento de residuos peligrosos; el manejo y distribución de combustibles y gas LP, así como los vehículos de más de tres toneladas y autobuses de larga distancia. Las emisiones que provienen de estas fuentes corresponden aproximadamente al 13% del total de las que hay en el área metropolitana, descontando el 28% provocado por fuentes naturales.

Al municipio le toca regular, vía las Direcciones de Ecología, todo lo relacionado con combustión agrícola, comercial y doméstica; incendios forestales, panificación, emisión erosiva en plazas y áreas municipales, así como –y de forma muy relevante- los caminos pavimentados y sin pavimentar. Estas emisiones suman aproximadamente 10% del total.

Finalmente, está el Estado quien, a través de la Secretaría de Desarrollo Sustentable es responsable de atender el 49% de las emisiones del área metropolitana, principalmente provenientes de vehículos, actividades de la construcción y de industrias tales como el manejo de desechos y remediación, metálica, mezclas químicas o la extracción de materiales como la caliza. Hoy, sin embargo, el la Secretaría no puede actuar sobre su principal fuente pues no tiene facultades locales (en la Ley Ambiental del Estado) para medir los vehículos.

La contaminación que hoy tiene nuestro aire no es algo nuevo ni repentino. Han tenido que pasar décadas de acumulación de contaminantes y de ausencia de regulación y control para llegar a donde estamos. Para poder atestiguar una reversión drástica en esta tendencia, es urgente que todas las autoridades involucradas participemos y que los ciudadanos y empresarios nos ayuden tanto a generar consciencia como desde sus propias circunstancias. Los bienes públicos los pueden disfrutar todas las personas y, al mismo tiempo, los deben cuidar también.

Contacto: roberto.russildi@nuevoleon.gob.mx