Si Benito Juárez y Santiago Vidaurri hubieran sido amigos…

Por Leonardo Hernández / Historiador

Dos personajes que sin duda levantan polémica en las charlas de historiadores y público en general es la enemistad de estos dos grandes líderes políticos mexicanos, los cuales, a su modo, buscaron sacar adelante sus ideales.

De Vidaurri, Juárez decía que era de los tipos que “o los hacías a tu lado o lo eliminabas” y que siempre buscaría hacer efectiva la primera.

Los problemas surgen cuando el llamado “Cíbolo de Lampazos”, buscando beneficiar al noreste del país, une los estados de Coahuila y Nuevo León en 1856, logrando con ello un gran ejército y mucho poder económico, cosa que a Juárez le molestaba ya que se sentía amenazado ante dicha situación.

Las aduanas era el tema principal, ya que desde tiempos de Ignacio Comonfort se le había prometido a Nuevo León y Coahuila un apoyo económico para solventar las luchas contra los indios “bárbaros”, a cambio del reconocimiento a su gobierno, por medio del Tratado de la Cuesta de los Muertos.

Al desatender el gobierno central dicho acuerdo, Vidaurri se “cobra a lo chino” y se queda con el dinero de las aduanas, principalmente la de Piedras Negras, consolidando con ello su hegemonía en el norte y desobedeciendo las órdenes del centro, que le imponían sumisión y obediencia hacia los intereses nacionales.

Intenta el Benemérito de las Américas entablar una negociación viniendo hasta Monterrey para entrevistarse con el gobernador, surgiendo un altercado entre con el hijo de Vidaurri, amenazándole este con pistola en mano, ganándose una bofetada de su padre. Las tensiones que generó este hecho fueron irreconciliables, a tal grado que desde Saltillo se decreta la separación de los dos estados

Al final de cuentas, Juárez logró que Vidaurri fuera reconocido como “traidor”, ya que el pleito que tuvieron, siento, nunca logró superarlo.

Finalmente, Juárez da un informe el 4 de abril de 1864 sobre dos cosas importantes: la victoria sobre el invasor francés y la traición de Vidaurri.

En la descripción del documento, que se encuentra en el Archivo Histórico de Monterrey, colección Principal, se lee lo siguiente: “El Ciudadano Benito Juárez, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos a los Habitantes de Nuevo León y de Coahuila: Informa sobre la victoria sobre el invasor (franceses) y la traición del Gobernador de Nuevo León. Monterrey, 4 de Abril de 1864. Benito Juárez”. Aparte de todo esto, el documento es interesante porque tiene la firma del Presidente Juárez.

Seguramente gracias a esta actitud del Presidente, Vidaurri dio su reconocimiento en Salinas Victoria el 4 de septiembre de 1864 al emperador Maximiliano, sometiéndose a su autoridad y comprometiéndose “sobre su honor” a no favorecer cualquier situación que tuviera como fin afectar al gobierno que desde ese momento apoyaba.

Mi reflexión es: el siglo XIX estuvo plagado de pugnas entre liberales y conservadores. Extrañamente, este episodio que hoy narro se dio entre liberales con diferentes ideologías, uno que buscaba beneficiar al país y otro que, amando a su patria chica, busco sin medida que Nuevo León y Coahuila se consolidaran como un territorio fuerte que no necesitara las dadivas del centralismo que, en aquel momento, de manera tácita, imperaba en México.

Si ambos hubieran logrado conciliar sus diferencias, ¿qué hubiera pasado?

Difícil el panorama, ya que Juárez buscaba mantenerse en el poder y Vidaurri, sin decirlo, era un candidato que empezaba a tomar fuerza para, en algún momento, poder aspirar a la presidencia. Esto lo entendió claramente Porfirio Díaz, quien ya detentaba las mieles de la silla presidencial, y en una arrebatada decisión, decide fusilarlo sin juicio previo, matando así con un rival natural en sus aspiraciones.

El poder en el norte de Vidaurri era imponente y Juárez, en realidad, ocupaba ese apoyo…

Pero claro, el encumbrado siempre fue y será Benito Juárez, así que él se lleva los aplausos y Vidaurri, solamente el lodo y el fango de aquella lúgubre Plaza de Santo Domingo, lugar último donde deseó que la sangre que iba a derramarse con su muerte sirviera para que la paz reinara en México.

Así terminó la historia de un líder que entendía que su terruño era más importante que cualquier otra cosa…

Y recuerden: mientras más conocemos nuestro pasado, más nos enamoramos de nuestro presente y, con mucha esperanza, podremos recibir nuestro futuro…

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