Carácter es destino

Por Francisco Suárez Warden / Director del Centro Eugenio Garza Sada

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se pusieron los cimientos que convirtieron a Monterrey en la Capital Industrial de México.

La ciudad logró un desarrollo económico singular, los trabajadores y sus familias, un bienestar único en el país y las siguientes generaciones, recibieron también los beneficios de las Instituciones educativas que se formaron, creando un círculo virtuoso de bienestar que en parte aun disfrutamos.

La historia atribuye el fenómeno a la combinación de políticas de buen Gobierno, impulsadas por el General Bernardo Reyes, la localización geográfica de la ciudad y un espíritu empresarial socialmente comprometido.

Aunque todo ello fue relevante, yo creo que no es suficiente; falta un elemento fundamental que es el Carácter, palabra derivada del griego “marca” “grabado”.

En efecto, el Regiomontano se distinguió por su carácter sencillo, trabajador, austero, disciplinado, persistente e independiente. Sin esas características, es difícil entender que empresas, instituciones educativas, familias y personas, hayan perseverado y subsistido, no obstante los enormes retos que esa época y nuestro país enfrentó, entre otros, la revolución y sus secuelas y la gran depresión de 1929.

Algunos piensan que hemos perdido el “carácter” regio y nos hemos vuelto ostentosos, derrochadores, poco disciplinados y dependientes, sobre todo del gobierno. Quizá haya algo de cierto. El confort tiende a impulsar que las sociedades se “duerman en sus laureles”.

Más si recorremos las calles de Monterrey a las seis de la mañana, veremos ya a muchos regiomontanos desafiando el clima para ir a tiempo a sus trabajos. Lo mismo pasa con miles de estudiantes que dedican tiempo, dinero y esfuerzo a prepararse mejor en las Universidades. Nuestra ciudad vibra con energía desde que Dios amanece.

El carácter regiomontano está vivo y bien, quizá lo que falte es que quienes tenemos una responsabilidad de liderazgo, retomemos el ejemplo de nuestros ancestros, e inspirados en propósitos más grandes que nosotros mismos, emprendamos las empresas e Instituciones que nuestro México requiere aquí y ahora. Como sucedió hace alrededor de cien años con Fundidora, Vidriera, Cervecería, el Tecnológico y otros grandes proyectos, que dieron a Monterrey liderazgo no solo Industrial, sino también moral.