¿Cómo decir adiós?

 

Por Maritey Chávez / Tanatóloga

Desde pequeños, comenzamos aprender a decir adiós a las personas, nuestros padres nos enseñan a despedirnos con la mano diciendo adiós a mamá, papá, abuelos, familia a cosas importantes dependiendo la etapa que tengamos. Sin embargo en lo emocional nadie nos enseña a decir adiós a los recuerdos que nos ocasionan daño, lastiman, hieren, duele y nos hace sentir frustrados.

En la etapa de la niñez, lo que vivimos, vemos y escuchamos en nuestra casa con nuestros padres o familiares, nos marcan de una manera significativa entre la edad de los 0 a 6 años, generándonos nuestra personalidad emocional; la gran virtud que tenemos cuando estamos en la infancia, es que en la mente no tenemos aún desarrollado la capacidad de recordar los momentos buenos o malos durante la infancia. Por lo general, las personas comienzan a recordar situaciones vividas a partir de los 6 años aproximadamente, y es ahí donde podemos comenzamos a guardar recuerdos agradables o desagradables que nos marcarán en nuestro vivir.

En la adolescencia, donde comenzamos a buscar nuestra propia identidad aunado a lo que vivimos en la infancia, comenzamos a decidir que situaciones en nuestro vivir lo alimentaremos con odio, rencor, falta de perdón, amargura, enojo, resentimiento o venganza; cuando no existe alguien a nuestro lado que nos enseñe a sanar nuestras heridas emocionales y ser libre de la rueda de pensamientos que nos atan a un sufrimiento emocional.

Así que cuando somos adultos, cualquier tipo de pérdida que nos suceda, además del dolor profundo que éste nos va a ocasionar, lo que traemos arrastrando emocionalmente se intensifica nuestra frustración de no querer soltar lo que más queremos y mucho menos decirle adiós.

Existen diferentes tipos pérdidas en la vida, según las heridas emocionales desde la infancia que tan profundas sean, nos permitirán poder vivir nuestro proceso del duelo que es un proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida para poder decir adiós a lo que se ha ido de nosotros.

Decir adiós no es darse por vencido, no es un acto de debilidad sino de fortaleza y crecimiento: porque aunque nos duela dejar ir, comprendemos que hay cosas que no pueden ser más en nuestro vivir.

 

Contacto: mariteychavez@hotmail.com