¿Con quién tiene problemas?

Por Liliana Flores Benavides

Entró a mi oficina, con sólo verle su lenguaje corporal, me di cuenta que estaba en la ruina. Lo invité a sentarse y le pregunté: “¿En qué le puedo ayudar?” y me contestó, “En todo y en nada”.

Como no entendí muy bien, le dije, “¿con quién tiene problemas?”, “no sé, tal vez con unos hampones”, me contestó.

Y le dije, “cuénteme pues”.

Si verme, hombros caídos, y las lágrimas chorreando por su nariz, me empezó a contar:

“Soy maestro, tengo 50 años, hace un año, en la euforia de la Navidad, decidí llevar a mi familia a vacacionar. Junté mi aguinaldo, junto con un pequeño ahorro y nos fuimos a San Luis a visitar a mis suegros. Todo fue maravilloso, mi esposa y mis tres hijos, nos la pasamos muy felices.

Regresamos a Monterrey, con una mano adelante y una atrás. Se me hizo fácil decidir ir a empeñar mi carro. En la calle principal de mi colonia, había tres casas de empeño, acudí a las tres, para ver quien me daba mejor tasa de interés y elegí una, “Préstamos Garza”.

Me prestaron cinco mil pesos, y me dijeron que podía andar en el carro, que bastaba que empeñara la factura del mismo. Pues las empeñé, pero por el papeleo de la operación, me cobraron $1100 pesos, por ende sólo recibí $3900 tres mil novecientos pesos.

Cuando fui a  recuperar mi factura, me encontré que la empresa ya no estaba en el lugar. Pregunté en las otras dos casas de empeño y me dijeron que esa empresa sólo había estado en ese lugar dos meses y medio. Y que mucha gente estaba buscándola  tratando de recuperar sus cosas y ya no la encontraban.

Pasó el tiempo y un día se presenta un abogado acompañado de otros individuos, de no muy buena cara, y me dicen que van por el carro. Yo les argumenté que yo les había ido a pagar, que se habían ido del lugar donde yo había hecho la operación. Fui y saqué el dinero del closet, los $3900 pesos, para finiquitar, la deuda.

De pronto, uno de los acompañantes, se pone muy violento al grado que grito, y sale toda mi familia, agarra a una de mis hijas y me dice que si no le entrego el dinero y mi casa, se van a llevar a mi niña.

Yo allí me quiebro, al igual que mi esposa que llorábamos y suplicábamos, que no se llevaran a nuestra hija. Nos metieron a la casa y nos obligaron a firmar un pagaré, y le pusieron la  fecha de dos años atrás por $320,000.00 Trescientos veinte mil pesos. Nos golpearon, nos humillaron, se llevaron el auto, y nos amenazaron, que estábamos bien vigilados. Además agregaron que no hiciéramos denuncia alguna, pues ellos trabajaban en la policía.

Nos quedamos paralizados del miedo. Y así, muertos en vida, día a día esperábamos lo peor, sin saber qué hacer.

Paso un año y se presentó un actuario con una orden de desalojo, y con la fuerza pública echaron todos mis bienes a la calle, dejando una herida enorme en la salud emocional de mis hijos. Yo nunca fui notificado de ningún juicio.

Por un préstamo de $3900 pesos, me quedé sin carro, sin casa, y con un gran estrés post traumático, tanto mi esposa, así como mis hijos, y por supuesto yo.

Hoy vengo con usted para decirle, lo que no me atrevo decirle a nadie, por miedo y a que me juzguen que fui un pendejo.

Tengo un miedo terrible a que vengan por mi hija.”

Más allá de relatarles lo que hemos hecho, les comparto esto, pues con todo el fandango de las fiestas navideñas e incluso con el frenón de la economía, muchas personas de una forma simple, deciden acudir a empeñar sus bienes, en diferentes empresas, muchas de ellas vinculadas al crimen organizado, pues es una forma de lavar el dinero sucio.

Hay que tener mucho cuidado, pues estos hechos se están manifestando.

Salud y larga vida para ustedes

@FloresBenavid

Facebook: Liliana Flores Benavides

cen@elbarzon.org