Daño patriomonio histórico en NL: Convento Fransciscano de San Andrés

Por Leonardo Hernández / Historiador

A la sombra de los conflictos revolucionarios, en Nuevo León se generaron situaciones dramáticas de perdida de patrimonio histórico, como lo fue el ocurrido en 1914: el derrumbe del Convento Franciscano de San Andrés (que databa aproximadamente de 1611) y que estuvo ubicado en la intersección de las antiguas calles de Ojo de Agua (Zaragoza) y San Francisco (Ocampo).

Una nota del periódico “El Imparcial. Diario Constitucionalista”, del lunes 3 de octubre de aquel inolvidable año para el patrimonio de nuestra ciudad, aclara que en dicho espacio se presumían “crímenes monstruosos cometidos al amparo de corrompidos ritos eclesiásticos”, razón por la cual fue blanco de los ataques del General Antonio Irineo Villarreal.

Cabe mencionar que dichos restos encontrados, no eran de ningún “crimen monstruoso” como se menciona, sino que eran los restos de los primeros pobladores de la Metropolitana Ciudad de Monterrey, quienes al morir disponían en sus testamentos ser enterrados en dicho convento “amortajados con el hábito de San Francisco” (Así mencionado en los protocolos coloniales del Archivo Histórico de Monterrey).

Es menester aclarar que desde 1867, el convento había estado en peligro de desaparecer, sin embargo, logró salir avante. La justificante principal era que se necesitaba extender la calle del Ojo de Agua hacia el sur, conectándola con el popular Barrio San Luisito.

Otros diversos usos tuvo este emblemático lugar, como ser resguardo de los españoles durante las incursiones de los indios “barbaros”, también fue punto de reunión dominical para escuchar misa, lugar en donde se les enseñó las primeras letras a los indios, sede del Colegio Civil entre 1864 y 1870 y espacio para colocar anuncios de interés para la antigua sociedad regiomontana, destacando uno en donde se aclaraba que los indios no tenían permitido montar a caballo.

La fecha de la nota periodística corresponde al año en que las autoridades carrancistas a cargo de Antonio I. Villarreal derrumbaron el edificio, tal vez usando un poco el “macabro” hallazgo para justificar dicho daño al patrimonio histórico, incluso sacando a la orilla de la calle Zaragoza las imágenes, esculturas, pilas bautismales y bancas para ser “fusiladas”.

Solo se rescató una pila bautismal del siglo XVII, una viga de madera del siglo XVIII, la puerta del convento (que ahora luce imponente en el Museo del Obispado), una escultura de Santo Domingo y las campanas (que ahora lucen en el Antiguo Santuario de Guadalupe en la Colonia Independencia).

Este tipo de daños patrimoniales los seguimos viendo hasta la fecha, sitios de relevancia histórica abandonados a la suerte, esperando que algún día se derrumben. Bajo esta perspectiva, todo el patrimonio arquitectónico de la ciudad quedará en ruinas, para que la “modernidad” sea establecida de manera definitiva y logre borrar el paso de grandes hombres y grandes edificios en nuestro querido Monterrey.

Celebro que se haya establecido el Día del Patrimonio en el estado, ya que esto nos hará valorar estos espacios y nos los dará a conocer, dejando un antecedente de su existencia y promoviendo su rescate y la exigencia de una sociedad cada día más ávida de conocer su historia y conservarla.

Tuve la oportunidad de participar en este gran evento junto al maestro Héctor Jaime Treviño Villarreal, dando visitas guiadas en la Catedral Metropolitana de Monterrey, siendo para mí una experiencia única. Espero el próximo año regresar y compartir más de nuestra Historia Regia en el Día del Patrimonio.

Y recuerden: mientras más conocemos nuestro pasado, más nos enamoramos de nuestro presente y, con mucha esperanza, podremos recibir nuestro futuro…

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