El Ego, una entidad que nos impide ser nosotros mismos

Por Ángel Ayala

“¡Hola! ¿Con quién hablo? ¿Eres Tú o alguien que finge ser Tú?”.

Nos sorprendería que cada vez que tenemos una conversación con alguien, probablemente no estamos teniendo una plática real o prácticamente estamos hablando con alguien que no es real.

Dentro de cada persona se esconde una entidad que todo el tiempo está intentando fingir que somos nosotros.

Esa entidad es conocida como el Ego. Este “fantasma”, incluso, llega a adueñarse de lo que somos.

Ha hecho desaparecer a nuestro verdadero Yo y ha implantado formas muy superficiales y falsas en nuestros comportamientos.

Encontraremos que el Ego nos maneja, nos manipula; no le gusta perder, así que intenta de mil maneras tener la razón.

Se adueña de nuestras acciones y busca la forma de que seamos el centro de atención de manera egocéntrica; de que engañemos para no quedar mal; de ser crueles y pisotear a cuantas personas se nos atraviesan.

Tiene como finalidad siempre ganar, ofender si es necesario y sobretodo ser un protagonista en todo momento.

Es el clásico “diablito” que nos habla al oído y nos dice cómo actuar para que no quedemos mal con nada ni con nadie.

Sus jugarretas son tan nefastas, que logran incluso convertir un acto de beneficencia o altruista, en un evento de conveniencia social sólo para que nos veamos siempre bien.

Nuestra otra parte, el Yo verdadero, que también se conoce como alma, esencia, espíritu, etc., no puede ser conectado debido a que el Ego todo el tiempo desea estar presente. Su alimento es cada acción interesada que hacemos; se crece con cada aplauso y alabanza que nos hacen. Es por eso que la humildad y el amor son los enemigos principales del Ego.

Tratemos de observarnos; veamos todo aquello que hacemos por interés. Luchemos por ser honestos, por no engañar y ser lo más espirituales posible.

La única manera de ganarle la carrera al Ego es observándolo. Ver todo aquello que hacemos con las máscaras imaginarias que engañan, presionan, ofenden, desequilibran y hacen daño a los demás. Cuando conozcamos el “mal que hacemos”, entonces veremos la oportunidad de alejarnos de eso y así tener la fuerza necesaria para utilizar conscientemente nuestro verdadero Yo.

 

Ángel Ayala

Instructor de Yoga / Televisa Monterrey

http://angelyoga.com.mx