Fue un paraíso

 

Por Cosijoopii Montero Sánchez/ Director Reforestación Extrema A.C.

Viajar por México (como dice el eslogan), en la gran mayoría de las veces, no importa si es una zona urbana o rural, turística, área natural protegida y un largo etcétera, en casi cualquier centímetro cuadrado de la superficie de este país representa para muchos un chapuzón en una alberca rebosante de caca-caos.

Algo le pasa al mexicano promedio (no todos) pero sí una gran mayoría de ellos (o ellas) que interpretan las reglas de convivencia (en el espacio público) de una manera que nos generan molestias a todos y destrucción de la identidad del territorio.

La señales de “no estacionarse” indican el perfecto estacionamiento; una señal de vuelta prohibida se interpreta como “vuelta permitida”; un semáforo en rojo para muchos daltónicos sociales, significa verde; “prohibido tirar escombro” es la indicación para hacer del sitio un depósito de ello; las Áreas Naturales Protegidas, son de hecho, los lugares ideales dedicados a todo tipo de actividades que degradan su calidad como área natural (se urbanizan o se alteran) y ni los anuncios que las anuncian están protegidos; prohibido tirar basura, es de hecho la invitación a hacerlo, y así otro aún más largo etcétera. Ejemplos sobran, la imaginación, querido lector, es mi mejor herramienta para no agotar este espacio con más (e interminables) ejemplos de destrucción de la armonía y la convivencia.

Muchos señalan (sin autoridad aunque sí con pruebas) que el país lo han destruido la corrupción de Margarita Arellanes, Rodrigo Medina, los entrañables Duarte’s, el ahora ya muy delgado Borge, Romero Deschamps y otro muy largo e histórico etcétera. No debemos olvidar que estás lacras, fueron vomitadas al mundo como un reflejo de lo que somos. Corrupción no es sólo robarse dinero.

Me explico con ejemplo: las carreteras de nuestro país desde Tijuana a Cancún o desde Tapachula a Playa Bagdad, que son ríos que fluyen de basura: botellas de pet y envolturas de gansito-papás. Estas arterias de basura, conducen la cada vez más palpable realidad de que este país lo han destruido (y lo destruirán) sus propios habitantes. La basura insisto, es el ejemplo más sencillo.

Lo anterior por la desobediencia cotidiana y aceptada de los más elementales y sencillas leyes y reglamentos cometidas por millones de mexicanos, que genera el caldo de cultivo para que nazca la corrupción. Y la impunidad es producto de la incapacidad de la autoridad de darle un policía a cada mexicano para que lo vigile que se porte no tan mal. Y cuando sucede: “ahora este cabrón ya viene a chingar, por qué no va a agarrar a los verdaderos delincuentes”.

El infierno (literalmente) en el que hemos convertido el que una vez fue un paraíso, no es por la corrupción de una clase gobernante impresentable. Esa clase política, insisto, es el síntoma de una enfermedad que se manifiesta por la ausencia de amor por el suelo que nos vio nacer y que lo hemos convertido en un caos.

Contacto: rex@reforestacionextrema.org