Historia de un oso negro

Por Edgardo Acosta Canales / Dir. de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León

Recientemente hemos visto en los medios de comunicación varios informes de la presencia de osos en la periferia de la ciudad. La buena noticia es que hay osos, es decir, los hemos respetado y se han reproducido; la mala noticia es que los estamos condicionando al ofrecerles alimentos o dejar basura orgánica en contenedores abiertos.

Los osos figuran entre los mamíferos más inteligentes: su cerebro es relativamente grande comparado al tamaño de su cuerpo. Tiene una capacidad de memoria asombrosa puesto que por años recuerdan el lugar donde encontraron comida fácil, incluso llevan a sus oseznos y les enseñan una ruta que nunca olvidaran.

Los osos negros pasan el invierno en un estado de somnolencia; eso significa que cuando los días (horas luz) disminuyen, secretan una hormona que actúa como un somnífero; baja su ritmo cardíaco, desciende la temperatura corporal, pasan todo el invierno sin comer, beber, orinar, o defecar y salen de nuevo y con hambre, en busca de comida en la primavera.

Los osos son animales carismáticos y lo saben, y como son muy inteligentes se dejan querer por nosotros que de manera equivocada decidimos alimentarlos. Se nos olvida que son salvajes y que cuando no les demos comida, la van a exigir de manera peligrosamente agresiva.

Alimentar un oso es sentenciarlo a su muerte dado que les damos una dieta equivocada, y sufren una muerte lenta por consumir basura en bolsas de plástico que obviamente no pueden digerir.

Cuando capturamos un oso para reubicarlo lo instalamos en un sitio que no conoce, y que está sujeto a morir por invadir el espacio de otros de su misma especie.

No tenemos el reporte de un daño serio por ataque, por eso la gente se toma fotos, arriesgando inclusive a los niños; me pregunto si estaríamos dispuestos a tomarnos una selfie con la familia frente a una víbora de cascabel. Los osos son impredecibles y peligrosos al igual que otras especies salvajes.

Recojamos la basura, no alimentemos a los osos. Si queremos disfrutar de su gracia y belleza, vayamos a verlos al zoológico La Pastora.

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