La Constitución de 1917

Por Héctor Jaime Treviño Villarreal

Mucho se habla en nuestro país acerca de la Constitución, es decir de la ley fundamental que rige a todos los mexicanos; algunos se refieren a ella como un conjunto de normas que lucen bien en teoría, pero que en la práctica, su aplicación dista mucho de ser correcta y justa.

Otros dicen que es perfectible y encuentran la falla en los hombres encargados de hacerla cumplir; se le moteja de que es violada continuamente, violentada, la acusan de ser letra muerta, decrépita, anquilosada, en fin anciana y pasada de moda. Airadas voces han surgido en diversos rincones de México, pidiendo una nueva Constitución, en su momento lo hizo el Subcomandante Marcos, jefe visible de una guerrilla muy sui géneris, una guerrilla surrealista.

Sin embargo, sigue en vigor, enhiesta, a pesar de las múltiples reformas que ha sufrido en su largo peregrinar de cien años, a pesar de todos los pesares, sigue normando las actividades de los habitantes de este México, lleno de contrastes, ejemplo vivo del más puro de los surrealismos.

Hace una centena de años, el 5 de febrero de 1917, se promulgó la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos, reformando la anterior de 1857. Las ideas de la Revolución Mexicana referentes a la mejora de la calidad de vida de los mexicanos, se plasmaron en dicha Carta Magna.

Al aprobarse en el concierto federal fue imprescindible realizar las adecuaciones pertinentes en todos los estados de la República; fue así como en Nuevo León el gobernador provisional Gral. Alfredo Ricaut expidió un decreto convocando a elecciones para renovar el Congreso Local, que tendría una doble denominación: Constitucional y Constituyente.

Constitucional porque los diputados locales serían electos conforme a las leyes vigentes, con la emisión de los votos de la ciudadanía y Constituyente, porque se encargaría de realizar los ajustes a la Constitución Local, para adecuarla a la General de la República.

Las elecciones fueron reñidas, algunos diputados ganaron su curul por menos de 20 votos; participaron el Partido Constitucional Progresista, que ganó casi todos los distritos, el Partido Constitucionalista Neolonés y el Partido Constitucionalista Progresista Central, que resultó ser el que menos votos captó.

La histórica Trigésima Séptima Legislatura estuvo integrada por brillantes legisladores, cuya labor quedó grabada en el Diario de los Debates que se conserva en el Archivo del Congreso del Estado; hombres esforzados, serios en su actuar político y personal, con mística y amor por Nuevo León a toda prueba. Sus nombres son: Enrique M. Martínez, Profr. Alberto Chapa, Lic. Santiago Roel Melo, Lic. Galdino P. Quintanilla, Abel Absalón Lozano, Enrique de la Garza, José Treviño, Salomón Pérez, Profr. y teniente coronel Gregorio Morales Sánchez, que luego fue gobernador del Estado, José María Charles, Miguel Rincón Ríos, Antonio Garza Zambrano y Manuel Sierra.

A partir del 16 de junio de 1917, y hasta el 16 de diciembre de ese año, los diputados locales se dedicaron a la tarea en cuerpo y alma, en pos de la nueva Constitución; las discusiones fueron acaloradas en algunas ocasiones, se defendieron los puntos de vista con pasión y vehemencia; en otras, el consenso aligeró la carga.

Un hecho histórico fue la propuesta del diputado Santiago Roel Melo, insigne historiador y abogado, al llevar la iniciativa sobre la representación proporcional, que consistía en que los partidos que perdieran las elecciones, tuvieran representantes en el Congreso Local, según el número de votantes captados; fue el primer diputado en la historia legislativa de México en proponer tal reforma.

La legislatura no la aprobó, aunque la vieron con buenos ojos, pero fue considerada muy avanzada para su tiempo; el diputado José Treviño Flores comentó en la sesión donde se analizó el asunto: “despojándose de todas las pasiones de partido, el sistema propuesto es inmejorable, pero creo que desgraciadamente aún no se llenan las condiciones necesarias para la implantación del sistema, que considero anticipado a la época en que vivimos”.

A cien años de distancia de haberse promulgado la Constitución Política del Estado de Nuevo León, la actual Legislatura deberá cumplir su responsabilidad histórica de conmemorar tal suceso y reconocer el quehacer legislativo de aquellos diputados locales que la hicieron posible. Fin de la conversación