La Ingeniería de Tránsito

Por Luis Francisco Chapa

Vivimos una realidad ineludible, día con día nuestros traslados en el área metropolitana de Monterrey conllevan un reto de doble cara: seguridad vial y fluidez vehicular.

Tales son los objetivos principales en los inicios de la Ingeniería de Tránsito (a los que en los últimos años se han agregado otros de índole ambiental y de recursos no renovables), una de las varias especialidades de la Ingeniería Civil.

La FIC-UANL tiene ya casi 40 años (la primera generación empezó a estudiar en 1975) impartiéndola a nivel maestría, contando fácilmente ya más de 500 egresados. Lo triste y curioso del caso, es que sus frutos, es decir que se cumplan sus objetivos iniciales antes mencionados, apenas si son perceptibles por la sociedad.

¿Qué sucede, donde están, qué hacen y qué opinan del par vial y otras obras viales de gran magnitud esos 500, 400, o los 30 o los 5 que sean, que estén viviendo aquí?

Por varios años seguidos nuestra urbe ha ostentado el nada prestigiado, mucho menos codiciado primer lugar en cantidad de accidentes viales. Sabemos que estos accidentes ocurren por uno de tres factores: humano, camino (y entorno) o vehículo; pudiendo presentarse la concurrencia de dos o hasta los tres factores, pero siempre será con uno de ellos como factor determinante, el que detona una serie de circunstancias que derivan en el accidente.

Según un estudio del año 1985, usando reportes americanos y británicos:

  • El 57% de los incidentes tuvo como causa única al factor humano y otro 27% se debió a una combinación de los factores humano y del camino.
  • Hasta en el 93% de los incidentes se presentó algún tipo de error del conductor (factor humano) como una causa de los mismos (no necesariamente la causa detonante, sino que antes hubo una falla del vehículo o bien una falla del camino).
  • En el 34% de los incidentes graves hubo alguna deficiencia del camino.
  • En el 12% de los incidentes el factor vehículo apareció como única causa.

Dentro del factor camino se incluye el entorno: estado del tiempo y otras condiciones como la hora del día, si circulamos en zona rural o en zona urbana, etc. Si el conductor falla en responder adecuadamente a una o más de estas condiciones (la más típica, no disminuir la velocidad en presencia de pavimento mojado por lluvia) y provoca un accidente, pasa, justamente, a formar parte de la estadística como causa del accidente.

Un razonamiento análogo termina inculpando también al conductor, cuando no atiende las condiciones mecánicas y de operación de su vehículo; la causa detonante del accidente NO es falla del vehículo, sino el conductor (factor humano) que no corrigió un desperfecto de los frenos, que no reparó oportunamente los limpia brisas o las luces principales de su vehículo, y un largo etcétera.

Pero volviendo al factor camino, cuando algún elemento del sistema vial (intersección semaforizada, curva, tramo de avenida, rampa de entrada o salida, zona de entrecruzamiento, etc.) presenta fallas en su diseño geométrico y/o en su equipamiento de dispositivos para el control vehicular (señales, semáforos, marcas en el pavimento, protección de obra, etc.), y el conductor no es capaz de descifrar tales fallas y reaccionar adecuadamente, se produce como aparente causa detonante un error del conductor.

Lo anterior bien puede adoptarse como definición de trampa vial, donde indistintamente de la pericia del conductor se tiene como detonante una falla real del factor camino. La trampa es tan sutil, tan inesperada, que no da tiempo a la percepción-reacción del conductor, provocando un error que genera otros, terminando en un accidente.

Ante esto, tomando como válidas las estadísticas arriba mencionadas y mediante un razonamiento simplista, tenemos aquí un área de oportunidad para la autoridad responsable del sistema vial y su operación: reducir hasta en un 34% la cantidad de accidentes en su jurisdicción, vía la detección y respectiva corrección de las trampas viales; o lo que es lo mismo, llevando a cabo una Auditoría de Seguridad Vial.

Una vez ocurrido el incidente, los conductores buscan argumentos para culparse mutuamente, su principal preocupación es no quedar como responsable, perdiendo de vista que la causa detonante fue la trampa vial. Salvo contadas y honrosas excepciones, al oficial que tomó datos también le pasa desapercibida la trampa vial, enfocándose a detectar cual de los conductores se equivocó primero.

Habrá quien se inconforme con el parte del oficial y acuda a los servicios de un peritaje, con la consecuente molestia de inversión de tiempo y dinero, coronada con la incertidumbre de si la decisión final será favorable o no. Pero más que eso, la preocupación debería ser eliminar la trampa vial.

 

Ing. Luis Francisco Chapa

Ing. Civil por la FIC-UANL / Doctorado en Transporte por la Universidad de Texas / Consultor en proyectos viales