La maldición de los recursos naturales

Por Daniel Flores Curiel / Economista y Catedrático de la UANL

Durante muchos años, hemos escuchado discursos o comentarios –ya sea en el ámbito académico o político– que hablan del petróleo como una de las riquezas naturales más grandes que tiene México y, más aún, que lo contemplan como el eje central de nuestro desarrollo económico.

En algún momento de euforia por los altos ingresos petroleros hacia finales de los años setenta, un Presidente de la República llegó a decir que el país tendría que acostumbrarse a administrar la abundancia. Esta idea contrasta con lo que realmente ocurrió unos años después. Las empresas y el gobierno (especialmente) se endeudaron de manera notable, los precios del petróleo cayeron, las tasas de interés subieron y, en lugar de desarrollo económico, el país sufrió una serie de recesiones severas.

Es importante entender que la situación antes descrita no es particular de México. Es decir, existen historias muy parecidas en otros países del mundo. En los años ochenta y noventa del pasado siglo, un buen número de estudios económicos (entre los que destaca el realizado por los profesores de la Universidad de Harvard Jeffrey Sachs y Andrew Warner) daban cuenta de un hecho que debería ser preocupante para los países que han contado con abundantes recursos naturales (no solamente petróleo sino cualquier otro). Los países ricos en recursos naturales, han tendido a crecer (en términos económicos) con una mayor lentitud que aquellos países que carecen de los mismos. Este fenómeno se conoce como la maldición de los recursos naturales.

Algunos países que ejemplifican la maldición de los recursos naturales (y particularmente el petróleo) son: Nigeria, Venezuela o Irán. Por el contrario, los países que suelen servir como ejemplo de desarrollo económico, a pesar de que carecen de recursos naturales, son: Japón, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur. Por supuesto, hay países desarrollados como Estados Unidos o Noruega que tienen abundante petróleo, sin embargo, el petróleo no fue eje central en el desarrollo de estos países.

Hay diversas explicaciones de carácter técnico sobre la maldición de los recursos naturales. Sin embargo, algo que resulta evidente cuando se estudia la historia económica de los países, es que el desarrollo económico de largo plazo no puede sentarse sobre las bases de un recurso natural, y menos sobre uno que no es renovable. Conforme crece la población del país, esa renta se divide cada vez entre más personas.

Por todo lo anterior, las propuestas sensatas para el desarrollo económico del país deben apuntar hacia aquellas cosas que funcionan en el largo plazo, deben contemplar la inversión en otras actividades más allá de la explotación de un recurso natural y, por supuesto, deben mirar sin pena hacia los ejemplos más exitosos de desarrollo económico que ha habido en el mundo moderno que no han dependido de la suerte de tener un recurso natural en abundancia.

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