La pasión por la lucha libre en México

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Por Leonardo Martínez / Historiador

Uno de los deportes que más pasión levantó en el pueblo mexicano a lo largo de la historia del siglo XX, fue sin duda la lucha libre.

Mascaras (que en los inicios eran de piel de cerdo), los famosos “rings” con luchadores de diferentes colores para jugar y todos con la misma posición de los brazos, revistas semanales con toda la información.Todo nos recordaba a cada momento este singular deporte que a más de uno dejo descalabrado o en el hospital, al intentar emular las acciones de nuestros ídolos.

El ritual de pelear contra el mal se veía representado en esta actividad, la cual se engalanaba con la presencia de los “técnicos”, que hacían gala de sus llaves y sus prodigiosos lances.

Por el otro lado, los “rudos”, expertos en la marrullería y los golpes prohibidos, siempre o casi siempre contando con el beneplácito del referee, al cual la mayoría de las veces tenían a su lado, principalmente en la década de los ochenta y noventa.

Sin duda uno de los luchadores con más éxito en el siglo pasado fue Rodolfo Guzmán Huerta “El Santo” o “El Enmascarado de Plata”.

Aficionado al béisbol y al fútbol americano, forjó su carrera en la lucha libre teniendo en sus inicios la desdicha de probar la amargura de la derrota constante y el no poder trascender.

Los años 30 vieron iniciar su carrera, en un inicio llamándose “Rudy” Guzmán y haciendo pareja con su hermano “Black” Guzmán.

Posteriormente se hizo llamar el “Murciélago II”, nombre que no le cayó para nada en gracia al también luchador “Murciélago” Velázquez, quien inmediatamente denunció el plagio de su nombre a la Comisión de Box y Lucha de la época.

Posteriormente se hizo llamar “El Hombre Rojo”, nombre que no le funcionó y rápidamente fue retirado.

Alcanzó la fama después de su lucha debut en la Arena México en 1942, cuando en un pleito casi callejero venció con artimañas y golpes ilegales al “Lobo Negro”, golpeando incluso al referee y desgarrado su uniforme.

Esto catapultó a la fama a nuestro personaje, ya que fue el primer luchador descalificado en la historia de este deporte logrando con ello llamar la atención de propios y extraños, mismos que se emocionaron con aquella demostración de poder y de audacia.

En esta época de rebeldía, fue llevado a prisión en algunas ocasiones, destacando la vez que golpeó a dos de sus fanáticos seguidores y al luchador apodado el “Dientes” Hernández.
Grandes rivales tuvo “El Santo”, dignos siempre, pero sin duda uno de los principales fue otro icono del pancracio nacional: Blue Demon.

Alejandro Muñoz Moreno dio vida a este gran personaje, el cual nació en García, Nuevo León y llevó la lucha libre también a grandes terrenos.

De él se cuenta que sus rutinas de ejercicio incluían subir diariamente a la Colonia Independencia (cuando no estaba tan habitada) para después concluirlos en el Círculo Mercantil Mutualista.

Fue el único luchador que le ganó dos peleas al hilo al “Santo”, sin embargo, con el paso del tiempo se convirtió en su compañero contra una serie de personajes extraños como vampiros, momias y extraterrestres en las películas que se filmaron teniendo como centro de atención a ambos luchadores.

En el ocaso de la carrera del “Santo”, su acérrimo rival fue el desaparecido “Perro Aguayo”, quien es su lucha de despedida en 1982 le da una paliza inolvidable, ganándose la descalificación de su equipo, integrado también por ‘El Texano’ y otros luchadores.
Finalmente, el 26 de enero de 1984 en el programa “Contrapunto” con Jacobo Zabludovsky, se quitó la máscara, dejando al descubierto su rostro.

Diez días después falleció, al finalizar una de sus presentaciones en el Teatro Blanquita de la Ciudad de México.

Eran las 9:40 de la noche de aquel fatídico 5 de febrero de ese año, cuando el telón se cerró para nuestro ídolo, el cual vive en el recuerdo de todos sus seguidores y eternizado en revistas, cómics y recientemente hasta en timbres postales, ya que en el año 2008 sale al mercado la primera emisión de éstos, siendo tres diseños para ‘El Santo’ y otros tres para ‘El Hijo del Santo’.

Dichos timbres fueron diseñados por Rodolfo Espíndola Betancourt, teniendo un valor individual de 6.50 pesos cada uno.

Actualmente, la gente duda de la veracidad de la lucha libre, destacando que es puro “camuco”, farsa o espectáculo, sin embargo las huellas de la batalla se hacen visibles en algunos luchadores al mostrarnos las cicatrices que conservan como verdaderos trofeos de su profesión y nos dan el mejor testimonio, si bien no de una auténtica veracidad, si de un gran esfuerzo por demostrar habilidades y destrezas y sobre todo, por emocionar a su público y hacerlo pasar momentos inolvidables.

Agradezco a Dominio FM la oportunidad que me da de difundir nuestra Historia y Leyendas Regias.

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