La pobreza, los pobres y sus programas

Por Felipe de Jesús Cantú

Nadie en su sano juicio cuestiona que un Gobierno ayude de alguna forma a los pobres.

Es por ello que los pobres y la pobreza han sido bandera de lucha de muchos Gobiernos y candidatos a cargos de elección popular, bajo el argumento de que ellos no tienen quién los ayude.

En México tenemos institucionalizada la ayuda a los pobres y crece el número de programas sociales que dicen ayudar a los pobres, lo cual en más de una ocasión se convierte en clientelar partidista, condicionando el voto a contar con el apoyo. Sin duda denostable y censurable, independientemente de quien lo haga.

Pero veamos unos casos que nos ilustren qué tan buenos son nuestros programas sociales que ayudan a los pobres.

Durante años, Metlatonoc, Guerrero, ha sido considerado el municipio más pobre del país y, en él viven personas que no tienen lo mínimo indispensable para vivir.

En el sexenio de Ernesto Zedillo, su gobierno tuvo la gran idea de ir a Metlatonoc. Considerando que los programas sociales son para ayudar a los pobres, suena bien la idea de ir hasta ellos y ayudarlos con toda la fuerza del Gobierno. Así se aplicaron todos los recursos disponibles para ese propósito.

Se acabó el Gobierno de Zedillo en el 2000 y Metlatonoc siguió siendo el municipio más pobre del país.

Ya en el poder Vicente Fox, considerando que Metlatonoc era el municipio más pobre del país, alguien de grandes ideas en el Gobierno tuvo “una gran idea”: llevar al Presidente al municipio de Metlatonoc en Guerrero. Se repitió la historia de un Presidente de la República que va al lugar más pobre del país. Al término del sexenio de Fox, Metlatonoc siguió siendo el municipio más pobre.

Comenzó Felipe Calderón su sexenio en 2006 y la historia se repitió. Hasta ese lugar llegaron cientos de funcionarios de su gobierno a ayudar a los pobres con el firme propósito de acabar con tan tremenda opresión. Y lo más triste es que al terminar en el 2012, el municipio más pobre del país era, nada más y nada menos que Metlatonoc, Guerrero.

Una gran idea que, en realidad no cumplió con su propósito de combatir y terminar con la pobreza. La razón, para mi gusto es simple, porque en ninguno de los casos se generó riqueza, sino que revolvió las cosas, sin resolverlas.

Metlatonoc no es un pueblo de paso para nadie, por ello no se desarrolla el comercio. Tampoco es un pueblo que tenga agricultura, porque sus tierras son infertiles. No tienen habilidades para hacer artesanía ni para producir alguna manufactura que puedan vender a otros pueblos.

No es el Municipio vivienda que está cerca de un centro de trabajo al que vayan sus habitantes durante el día. De ninguna manera es un lugar turístico que reciba ingresos por esa actividad.

Es decir, en Metlatonoc no hay fuentes de riqueza ni impulsores de talento y es un lugar en medio de la nada.

A algunos les dieron vivienda con el Programa de Vivienda Rural. Un pie de casa que se convirtió en “La Razón” para quedarse a cuidar algo que antes no tenían. Se acabó el incentivo de emigrar a otro pueblo o ciudad a conseguir trabajo. Antes de eso, se iban sin pensarla porque no tenían nada que perder.

A otros les dieron un apoyo en efectivo mensual del Programa Oportunidades, “para que se superen”. Con ello propiciaron la conformidad, pues si se quedan ahí y no trabajan, recibirían una “lana” del Gobierno.

A los ancianos, les dieron una pensión que dio alivio a los adultos más jóvenes que mantenían a sus padres o abuelos, dando una tranquilidad momentánea que, de no ser así, se constituiría en un reto permanente para la familia.

A otros se les enseñó a coser, a hacer artesanía y tejidos que, no pueden vender a nadie, primero porque no tienen materia prima y segundo porque nadie pasa por ahí nunca. Los únicos ganadores en ese proceso, son los fayuqueros, los vendedores de chacharas y los vendedores de licor que se aparecen puntualmente los días que pagan oportunidades, llevándose los pesos a otro pueblo o ciudad.

En pocas palabras, a los pobres del municipio más pobre, se les confinó a su miseria, porque ahora saben que si siguen ahí, “algo les caerá” del Gobierno y no harán algo productivo que los ayude a salir de manera definitiva de su miseria.

Urge remodelar los programas sociales para que ayuden a producir un país más competitivo y enseñen a pescar, en lugar de dar el pescado. Pero sobre todo, que sepan distinguir lo que el país necesita para crecer sin ataduras asistencialistas.

 

Felipe de Jesús Cantú
Ex alcalde de Monterrey y aspirante a la Gubernatura de Nuevo León.