La tragedia familiar de Ignacio Zaragoza y su esposa Rafaela

Por Lic. Raymundo Hernández Alvarado

Este 5 de mayo se celebró el 152 Aniversario de la Batalla de Puebla, acontecimiento bandera del triunfo de las armas nacionales sobre el invasor francés, que en 1862 interviene en nuestro país pretextando el cobro de créditos otorgados a México, cuando el verdadero fin era instaurar una monarquía que contuviera el creciente poderío norteamericano.

Actor principal de este acto militar lo es el general Ignacio Zaragoza Seguin, quien al frente del Ejército de Oriente asestó una de las derrotas que más dolieron al imperio napoleónico por haberse dado a conocer en todo el mundo, causando mella al prestigio del considerado mejor ejército del orbe.

Pero atrás del olivo se esconde un drama familiar, desconocido,  de la tragedia que vivieron el militar Zaragoza y su esposa, la nuevoleonesa Rafaela Padilla, al vivir su matrimonio separados, ante la prioridad de los altos deberes de la Patria que impiden a Ignacio acompañarla a ella en su agonía o despedir el cuerpo a su muerte, meses antes de la fecha en que el general cubriera de gloria las armas nacionales.

Muy pocos saben que este grandioso general estaba afectado sentimentalmente, pero no espiritualmente, ya que con ese ímpetu logró con su ejército una victoria militar que sacudió al mundo, especialmente a Europa.

Ignacio Zaragoza nació el 24 de marzo de 1829 en Bahía del Espíritu Santo, Coahuila-Texas, hoy Goliad, Texas, y su esposa Rafaela Padilla fue nacida en Hidalgo, Nuevo León, el 30 de octubre de 1836.

Desde el noviazgo la dama nuevoleonesa resiste la amargura de estar alejada de su pareja al tener que cumplir él los estrictos deberes de la milicia republicana. Ya habría tiempo para reunirse en la muerte.

A los 17 años de edad Ignacio quiere alistarse en Monterrey para la defensa de la Patria en la invasión norteamericana de 1846, pero es rechazado. En 1850 regresa a Monterrey, trabaja como empleado en un comercio y en 1853 inicia su carrera militar en la Guardia Nacional de Nuevo León.

RAFAELA PADILLA DE LA GARZA

Por su parte, Rafaela Padilla de la Garza nació en la casa de sus padres  José María Padilla y Justa de la Garza, en Hidalgo, y es bautizada en la iglesia de Salinas Victoria, N.L.  Su padre llega a ser alcalde de Monterrey.  Tuvo 19 hermanos.

Por el año de 1856 la familia Padilla-de la Garza vive en una casa por la calle Morelos 728, entre lo que son ahora Zuazua y Dr. Coss, y en donde se reunían personajes como Manuel M. de Llano, José Eleuterio González, Manuel Z. Gómez, Simón de la Garza Melo entre otros.

“DE NARIZ RESPINGADA, PORTE DISTINGUIDO”

En esta misma finca es donde Zaragoza,  joven coronel de 27 años de edad, se enamora de Rafaela, de 20 años de edad, cuyo retrato lo contempló en una pintura colgada en la sala de la casa. Ella era de estatura media y esbelta, blanca, pelo castaño oscuro, nariz respingada, ojos café claro, porte distinguido.

Ella era hermana de Pablo y Trinidad, compañeros de armas de Ignacio, quien al conocerla personalmente es cautivado por la voz, su expresión y cierta timidez. Le declara su amor rápidamente.

Zaragoza la pide a doña Justa y le es dada, fijándose la boda para el 21 de enero de 1857, pero imprevistos militares le impiden su presencia, siendo representado “por poder” por su hermano Miguel.

Zaragoza llega días después y forma su hogar en la misma casa de los Padilla, en el centro de Monterrey.

Pero en el acta de matrimonio número 9 de esa catedral, firmada por José María Muin, da fe de haber casado a Rafaela e Ignacio con “dispensa de las tres moniciones conciliares a que todo matrimonio deben preceder”. Atestiguan Miguel Zaragoza y Tomás Núñez.

General_Ignacio_Zaragoza

TRIBULACIONES FAMILIARES: PIERDE DOS HIJITOS VARONES

Tienen un hijo varón, Ignacio, quien nace el 6 de octubre de 1857 y muere en enero de 1858. Luego tienen a Ignacio Estanislao, quien nace en noviembre de 1958 y muere en México en 1861. Nacería finalmente Rafaelita, la única que “se logró”, quien nace el 23 de junio de 1860 y muere en 1927.

Con mucha frecuencia la familia sufre la ausencia del jefe de familia, de sus cuidados y cariños de esposo y padre debido a sus exigentes deberes, en su rechazo contra los mexicanos traidores y los franceses invasores.

El 21 de diciembre de 1861 Zaragoza parte de México a Veracruz, dejando a su esposa Rafaela seriamente enferma y a su niña Rafaelita de apenas un año y medio, acompañadas por familiares de ella. En el último momento de su vida, la esposa de Zaragoza, muere a los 26 años de edad de pulmonía el 12 de enero de 1862, mientras su marido cumplía campaña militar en Jalapa, a más de 400 kilómetros de distancia.

En Jalapa recibe la noticia de la muerte de su cónyuge y por su mente pasan los recuerdos y por sus mejillas las lágrimas, “recostado en su catre, con las botas puestas porque no tiene momento de reposo ante la grave responsabilidad de la defensa de la Nación”.

Batalla_de_Puebla,_Patricio_RamosAL GANAR EL 5 DE MAYO, NO CELEBRA

Zaragoza arriba a Puebla el 3 de mayo y encuentra una población conservadora que apoyaba a los invasores franceses. Distribuye sus fuerzas al mando de los generales Tomás O’Haran en Atlixco; Porfirio Díaz Mori en el ala derecha de los cerros de Loreto y Guadalupe; Berriozábal y Lamadrid al centro; Miguel Negrete con la Infantería y Santiago Tapia con la artillería en Puebla.

Las hostilidades inician a las 11:15 horas el 5 de mayo y la orden era detener a toda costa al general galo, el Conde de Lorencez, para evitar que llegara a Ciudad de México. En todos los frentes los invasores son detenidos con un eficaz fuego artillado, de infantería, en lucha a bayoneta cuerpo a cuerpo y arrasados finalmente con la caballería. Mueren 476 agresores y quedan heridos 345, y por los mexicanos fallecen 83 y 250 quedan heridos.

Se cuenta que él no celebró el triunfo con sus compañeros, sino que se retira solo a su tienda porque seguía muy deprimido por la pérdida de Rafaela y por llevar varios meses sin ver a su hija Rafaelita, la única sobreviviente de su familia.

“Ignacio lloró en su catre la pérdida de Rafaela, pero el deber militar lo mantuvo en primera línea, sin desprenderse de la acción, lejos del duelo familiar”.

Ella tenía 26 años al morir y el general Zaragoza al fallecer tenía 33; sólo duraron seis años casados.


OCHO MESES DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU ESPOSA, MUERE EL GENERAL IGNACIO ZARAGOZA

Por las insalubres condiciones en que dirigía, Zaragoza enferma gravemente de tifoidea en Puebla. El general deliraba por las altas temperaturas y los médicos no pueden mejorarlo.

En esta crisis de delirios, cree que lo van a fusilar y grita: “¡Está bien!, pero cuidado con el que se atreva a tocar a alguno de mis ayudantes. ¡A ellos no, a ellos no! Los oficiales y los ayudantes se miraron con los ojos arrasados de lágrimas.

Lo trasladan a Ciudad de México para salvarle la vida. De 9 a 10 de la mañana del 8 de septiembre de 1862 entra en la fase de agonía siendo sus últimas palabras : “¿Pues qué, tienen también prisionero a mi Estado Mayor? ¡Pobres muchachos!… Ingratos. ¿Por qué no los dejan libres?”.

La noticia corrió por los cuarteles. Las tropas del Primero de San Luis y las del Batallón de Aguascalientes lloraban a gritos. Los zapadores, que lo idolatraban, rindieron a su general el último tributo, vendiendo su ración de pan para comprar un lacito negro que prendieron a la manga del pobre uniforme.

NUEVO LEÓN, EN DEUDA CON RAFAELA

En 1961 se pide en Puebla que los restos de los esposos sean reunidos de nuevo. Los de Ignacio con uniforme de gala y sus gafas contra la miopía y los de la nuevoleonesa con el reconocimiento a su consagrada labor de madre y fiel esposa del que fuera nombrado Benemérito de la Nación por el presidente Juárez.

Más tarde que nunca, el Congreso los reúne en el Mausoleo Nacional erigido entre los cerros de Guadalupe y Loreto, en Puebla. Ahora reposan juntos como acto de justicia al matrimonio que fue separado por las exigencias en la defensa de la Patria, tras 118 años de descansar separados.

A Rafaela, la hidalguense de Nuevo León se le ha reconocido en su pueblo natal, no así en Monterrey, donde vivió. En el estado y ciudad de Puebla, escuelas de Preescolar, Primaria, Secundaria, museos, centros culturales y parques llevan su nombre como homenaje permanente a su sacrificio de esposa y sufrida madre.

En Nuevo León, no hay honras oficiales a doña Rafaela Padilla, la esposa abnegada que murió mientras su esposo preparaba la defensa de la Patria contra la invasión francesa.