Las tradiciones de la abuela en el marco del Día de la Familia

Por Leonardo Hernández / Historiador

Hace unas semanas en Así Somos, programa que conduce mi amiga Clara Villarreal Villarreal en Dominio.FM, platicaba sobre las tradiciones de mi abuela Consuelo García Tovar, y mucha gente recordó un sin fin de anécdotas y memorias familiares, los cuales muchos coincidían.

Y eso me hizo reflexionar sobre las tradiciones de las abuelas y la importancia de su rescate dentro del núcleo básico de la sociedad: la familia, las cuales pasan de generación en generación y forman un cumulo de experiencias, la mayoría de las veces inolvidables y que marcan nuestras vidas.

Y en este primer domingo de marzo, dedicado a la familia en México, contaré algunas costumbres que recuerdo de mi abuela, que seguro coincidirán con muchas de nuestros queridos lectores:
1.- Al sentarse a la mesa en el desayuno, era indispensable lavarse las manos, cara, peinarse y lavarse los dientes, era parte de los requisitos básicos.
2.- Una comida fundamental en los almuerzos eran los “güines” con huevo, que no era otra cosa más que salchichas.
3.- Los envases de vidrio de refresco les llamaba “cascos”.
4.- Prohibido era meterte a bañar después de comer, y menos si habías ingerido pescado.
5.- Frases como “Ay te lo haiga”, “madre solo hay una”, “beto a saber” (que en realidad era “ve tú a saber”, pero que lo decía tan rápido, que yo así lo entendía), “raspa” (refiriéndose a algo que era muy común o corriente), “echar chifletas” (algo así como ahora decir “indirectas”), “me echan la viga” (cuando le echaban la culpa de algo), “échate ese trompo al uña” para definir una situación increíble o lanzar un reto, “me tienes con el Jesús en la boca”, no andar en los “andurriales” (lugares de poco prestigio o mala reputación) entre otras, eran algo diario y común en su vocabulario.
6.- Comer plátano o sandía después de las 6 de la tarde no era permitido, ya que eran frutas “muy pesadas” para la digestión.
7.- El caldo de pollo se servía en taza, con su respectivo arroz y su tortillita enrollada.
8.- Las brujas solían llevarse a los niños, por ese motivo, siempre debían ir debajo de la almohada unas tijeras abiertas en forma de cruz para ahuyentarlas.
9.- La cama del niño siempre debía ir pegada a la pared, en caso de no ser posible, una mecedora atorada en la base de la cama de cada lado servía para evitar caídas nocturnas.
10.- La ropa se lavaba con jabón hervido, todas las “lajitas” de jabón eran recogidas y puestas a hervir. Una “lajita” era un jabón que ya estaba muy pequeño por el uso.
11.- Las tortillas de harina se hacían con leche, nunca con agua, porque luego se hacían “paludas”. La harina se amasaba y se dejaba reposar una o dos horas en una vasija de plástico y tapada con un secador o mantelito.
12.- Eran prohibidos los dulces que pintaban la boca, ya que tenían “anelina”, muy dañina para los niños.
13.- Para las abuelas, un niño gordito era un niño sano y feliz. Es inolvidable como, cada vez que llegaba de visita a verla, me ofrecía de comer. Siempre me veía “cara de hambre”, ofreciéndome lo que tuviera disponible. Y he de decir que cualquier cosa que me sirviera me sabia a gloria, ya que el solo hecho de haber sido preparado por ella, le daba un sabor especial.
14.- Y hablando de comidas, las que preparaban las abuelas eran especiales: cocinaban con manteca de puerco, lo que le dada un sabor especial a los guisos, cada sobrante de manteca de las comidas que preparaban, los vertían sobre los frijoles, lo que los “refritaba” y les daban un sabor inigualable. Comidas como “menudencias de pollo”, “chicharroncitos de cuero de pollo”, un sencillo huevo con frijoles, une lengua de res en salsa, cabrito en salsa, todo sabía a gloria hecho por sus manos sabias en los menesteres de la gastronomía, chefs sin título que dominaban a la perfección el arte culinario.

Y así podría seguir repasando sus costumbres y nunca acabaría.

Sin embargo, creí pertinente escribir esta editorial para enmarcar la importancia de nuestros recuerdos y como ellos, forman una identidad familiar. Cuantos recetarios familiares han pasado de madres a hijas por generaciones, cuantos broches, anillos o vajillas completas que guardan una historia, un lazo familiar que nos identifica, nos une y nos enlaza en el mundo terrenal.

Al irnos de este planeta, dejaremos nuestra huella imborrable, nuestras tradiciones y hacer que perduren es nuestro deber y obligación, para con ello mantenerlas vivas y heredarlas a las generaciones que ya empiezan a aprender de nosotros.

Feliz día de la familia a todos, aprovechen el tiempo para convivir con sus abuelos, sus padres. Dejen de lado la tecnología y platiquen, intercambien anécdotas, recuerdos.
Vivan todos los días a la familia, disfrútenla y siéntanse orgullos de ella.

Y recuerden: mientras más conocemos nuestro pasado, más nos enamoramos de nuestro presente y, con mucha esperanza, podremos recibir nuestro futuro…

Contactolmh.editorial@gmail.com