Los delitos que calan hondo

Por Sandrine Molinard

Desde hace más de un año, la sociedad civil de Nuevo León es testigo del aumento de los delitos de violencia familiar. Sin embargo, a partir de mayo del 2014 las denuncias registradas para este delito han alcanzado mes tras mes un nuevo record. Las autoridades argumentan que la población es más propensa a denunciar. Seguramente podría ser un factor. Pero las organizaciones civiles que se dedican a atender víctimas también reportan un aumento en el número de mujeres que vienen a pedir ayuda.

Este delito es uno de los más difíciles y de los más sencillos de atender. Por un lado, porque depende de patrones culturales a veces muy antiguos, arraigados, y transmitidos de generación en generación. Las mujeres y los hombres perpetúan esta cadena de enseñanza: criando hijos que abusan de sus madres y hermanas, o demostrando por el ejemplo que un hombre puede abusar de su mujer o sus hijas. Romper estos patrones culturales puede ser tan sencillo como lo decidamos. Por otro lado, será también difícil romperlo en la medida en que como sociedad no decidamos que es un problema al cual debamos de dar prioridad y atenderlo como tal.

Lo que más nos preocupa, es que la violencia familiar es un delito que cala hondo. Los niños que la padecen en casa son más propensos a repetir estas conductas en su vida adulta. También buscan en otros lugares y con otras personas el respecto y atención que sus padres les niegan. En las pandillas, por ejemplo, que les ofrecen protección e identidad. La sociedad en su conjunto paga caro el precio de este delito: horas laborales perdidas, fracaso escolar, desintegración familiar, entre otros. Es una semilla que se siembre hoy y seguirá haciendo daños en la siguiente generación. Por esto, este delito debe de entenderse y atenderse con tanta prioridad.

Además, preocupa sobremanera la aparente falta de coherencia, congruencia, y eficiencia, de las políticas públicas puestas en marcha (¿suponemos?) en el estado y los municipios, para hacer frente a la violencia familiar. Nuevo León ha recibido el año pasado 135 millones de pesos del PRONAPRED, el fondo federal destinado a la prevención del delito. Este año, recibió 136 millones del mismo fondo. Y las denuncias siguen a la alza. ¿En qué se están gastando estos fondos, y quién está realizando una evaluación seria del impacto de los programas gubernamentales destinados a la prevención? Muchas organizaciones civiles harían maravillas con estos fondos. Y a estas organizaciones, sus patrocinadores les exigen demostrar cómo cada peso donado genera un valor social mayor. ¿Por qué el Gobierno no se siente obligado de la misma manera de rendir cuentas con cada peso invertido de los impuestos de todos los mexicanos?

Si queremos en el futuro que nuestros hijos vivan en un estado pacífico, nos debemos preocupar por las generaciones actuales, su bienestar físico y mental, y la seguridad con la cual crecen dentro y fuera del hogar. No basta con tener más policías entrenados para arrestar a los delincuentes de la calle. También necesitamos instituciones de desarrollo social, educativas, de prevención del delito, que hagan su trabajo para detectar casos de violencia familiar y atender tanto a víctimas como a victimarios. Y de fondo, campañas para promover nuevos valores, de respecto, equidad y convivencia.

Sandrine Molinard
Directora del Consejo Cívico