Kleroterion. Nuevo León y su crisis política permanente: La relación con el Congreso

Waldo Fernández González / Diputado Federal PRD

Nuevo León es una entidad federativa estratégica para el desarrollo nacional, su aportación al Producto Interno Bruto la ubica entre las primeras cuatro del país, su capacidad para generar negocios y áreas de oportunidad es de las más relevantes en México y de hecho en América Latina, además de poseer una ciudadanía con altos niveles educativos y de adiestramiento laboral lo cual le da un valor agregado a la hora de pensar en inversiones, empresas y desarrollo productivos; en otras palabras en México y en América Latina, Nuevo León es un actor central.

Sin embargo, desde hace años la entidad enfrenta una crisis política permanente, que comenzó con los señalamientos de corrupción y déficit público hacia el gobierno estatal anterior, que continúo durante la campaña del candidato independiente Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, y que sigue en marcha tras su toma de posesión, el 4 de octubre de 2015 como gobernador constitucional de la entidad, mismo que concluirá en el año 2021.

La ruta de esta crisis es por demás compleja, en primer término porque el Gobernador al inicio de su gestión subrayó la posibilidad de gobernar sin el Congreso, lo cual, más allá de la pragmática política o de posicionar un discurso tendente a la eficacia, es contrario a los principios, valores y prácticas democráticas de todo país desarrollado en lo mínimo indispensable. Resulta significativo que el origen de esta crisis no radica en que el Gobernador en turno pertenezca o no a un partido político, sino al hecho mismo de propiciar la confrontación con los 42 diputados que integran el Poder Legislativo justo cuando más se necesita su gestión para enfrentar retos financieros y jurídicos.

Pareciera que cada acto protocolario es motivo de tensión, tal y como sucedió en el Segundo Informe de Gobierno, y ahora se agrega que el Gobernador busca sumar 866 mil 593 firmas de la ciudadanía, que se distribuyan en por lo menos 17 entidades, así la cosas tiene el reto, aparte de ser Gobernador de la tercera economía nacional, de buscar sumar cuando menos el uno por ciento del total de la lista nominal de electores en esas 17 entidades. Por otra parte, la crispación política se ha agudizado con base en una narrativa que por una parte cuestiona los actos del Gobierno del estado, y que por otra encuentra una respuesta fundada en la denostación hacia el trabajo del Congreso.

El tema no es si el Gobierno del estado puede o no trabajar sin el Congreso, el tema es que tiene que hacerlo porque ese es el principio de división de poderes, porque el Poder Legislativo es parte del Gobierno, y porque una regla básica de la democracia implica trabajar con las minorías, oposiciones, y grupos representados en el Congreso o como se les quiera llamar. Por el otro lado, las acciones y discursos responsables desde el Congreso son necesarios para fortalecer la cultura democrática y le legitimidad de orden establecido, a nadie le sirve un Congreso o un Ejecutivo exitoso a costa de lastimar el orden democrático.

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