Nuevo León y su crisis política permanente: la confrontación con los partidos

Por Waldo Fernández González / Diputado Federal PRD

Hablar de Nuevo León en los últimos años implica analizar un escenario político complejo que se gestó desde la candidatura de Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” quien, se convirtió en 2015 en el primer gobernador de corte independiente en la historia del sistema político mexicano moderno. A partir de la plataforma “Cerebro, Corazón y Carácter” convenció a sectores ciudadanos, quienes consideraron que su proyecto tenía ideas originales y que, el diagnóstico sobre las problemáticas era acertado: la partidocracia había hecho todo lo posible por mantener sus privilegios mientras gran parte de la ciudadanía era replegada un segundo plano.

En el Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021 esto se subraya ad litera “la sociedad neoleonesa, cansada de la corrupción, la impunidad y el deterioro de nuestro estado, votó por un cambio real y sentó un precedente muy importante en México: eligió un gobierno independiente, formado por ciudadanos y activistas, libres de ataduras partidistas e intereses perversos.”; estas apreciaciones en un sentido amplio no fomentan el diálogo republicano y la construcción de acuerdos con las fuerzas políticas que también existen en el Estado y que votaron por otras opciones (498 mil 644 ciudadanos lo hicieron a favor de Ivonne Álvarez, la candidata del PRI-PVEM-PANL-PD, y 466 mil 543 por Felipe de Jesús Cantú Rodríguez candidato del PAN), son ciudadanos para quienes el Ejecutivo también habría de gobernar.

Hay un evidente doble discurso en esta narrativa y falta de responsabilidad, de poco sirve acusar a todos por igual de corrupción, perversión y demás adjetivos si debe gobernarse con las representaciones de los distintos partidos políticos, si diversos grupos ciudadanos apoyan otras opciones política y si es necesario construir gobierno con la ciudadanía, este discurso lejos de ser innovador resulta autoritario y excluyente. Como puede apreciarse, la escritura política del Gobierno del estado hace comprensible la pugna entre el Poder Ejecutivo y su discurso contra los partidos políticos, a la que después se ha sumado el Poder Legislativo. Esta situación es persistente y la pugna entre ambos poco abona a la democracia estatal.

En el debate cambió el matiz porque el Ejecutivo notó que requería del Legislativo para avanzar en sus proyectos legales, en el segundo informe de gobierno el Gobernador comentó “Yo creo que era necesario no ir a la confronta para poder tener un poquito menos complicada la negociación del presupuesto, recuerden ustedes que nosotros no tenemos una bancada en el Congreso, entonces yo preferí escucharlos”, pero en breve y tras la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ante la reforma electoral del Estado que avaló las figuras de diputados plurinominales indicó que estaba contra esta medida “no debe haber diputados huevones”, de nueva cuenta estas declaraciones fracturas un escenario de consensos. En democracia la construcción de acuerdos políticos es deseable e indispensable, y en Nuevo León esto no se ha logrado, por ello, habría de fomentarse el trabajo y la coordinación. El gobierno hoy corre el riesgo de ser disfuncional al desarrollo.