Putin: ¿Quién lo diría?

Por Dr. Henio Hoyo/ Profesor-Investigador, Departamento de Ciencias Sociales Universidad de Monterrey

En la entrega anterior, hablé de Trump como alguien carente de las ideas más básicas de estrategia y de política exterior, y de cómo ello es extremadamente peligroso para Estados Unidos y para el mundo. Pues bien: hace apenas unos días, medios estadounidenses publicaron que Trump reveló a diplomáticos rusos, en una reunión privada, información secreta sobre Siria y el grupo terrorista ISIS. Tan secreta e importante, que ni siquiera había sido compartida con aliados como Inglaterra. Pero Trump no tuvo empacho en dárselas a los rusos… y gratis.
Debemos reconocer que Rusia ha logrado algo extraordinario: poner a Estados Unidos a la defensiva. Los americanos, que hasta hace unos años se vanagloriaban de ser los vencedores de la Guerra Fría, ahora están obsesionados con encontrar hasta dónde Rusia ha infiltrado sus campañas, sus partidos, sus instituciones. Y mientras los americanos se pierden en ese reality-show de acusaciones y sospechas, Putin y los diplomáticos rusos están haciendo justamente lo que se supone que deben hacer: sacar el mejor provecho de la situación.

Claro, no hay manera de entender ello sin tomar en cuenta a Trump y su falta de experiencia. Pero aún más importante, hay que entender al otro lado: a Vladimir Putin. Hay diferencias muy evidentes, empezando con que Trump es un producto del jet-set que se metió a político amateur (y lo demuestra cada día) mientras que Putin es un exagente de la KGB metido a político de carrera… y que también lo demuestra cada día. Trump está obsesionado con su impacto mediático; Putin se enfoca más bien en resultados, aunque para eso use las tácticas más cuestionables, ilegales, o verdaderamente infames – desde invadir a Ucrania y a otros vecinos, hasta prestar apoyo irrestricto a un genocida en Siria, o solapar violaciones a los derechos humanos dentro y fuera de su propio país.

Y sin embargo, como buen político, Putin también conoce sus límites y las reglas que hay que seguir. Por ejemplo, sabe que lo más importante en un juego de poder, es conocer al adversario y explotar sus debilidades (¡sobre todo el narcisismo!); que la política internacional no es sobre alardear de poder, sino sobre ejercerlo efectivamente; y que los medios de comunicación son herramientas para enviar mensajes políticos, no para hacer berrinches personales. Putin, al fin y al cabo, es alguien que tiene idea clara de qué quiere; cómo lograrlo, y cómo manejar a amigos y adversarios para ello. Pero también es alguien que sabe bien qué no puede hacer, y hasta dónde puede llegar sin provocar una reacción desastrosa. Que es justamente lo que no podemos confiar de Trump.

En ese sentido, resulta paradójico (y triste) pensar que, ante la completa falta de ideas y carácter errático de la administración Trump, hoy resulte más bien ser Vladimir Putin quien tiene la llave para lograr la estabilidad en este mundo; o al menos, para evitar un conflicto mayor, claro, junto con otros actores clave como Merkel y Macron. ¿Quién lo diría?

 

Contacto: henio.hoyo@udem.edu