Respeto

Por Pbro. Óscar Lomelí / Coordinador de Pastoral Familiar Arquidiócesis de Monterrey

Hoy quiero referirme al RESPETO.

El Diccionario define el respeto (del lat. respectus, atención, consideración) como veneración, acatamiento que se hace a alguien, miramiento, consideración, deferencia.

Lo que dice la Biblia sobre este tema es claro. Si analizamos bien los Diez Mandamientos, la norma que rige nuestra vida cristiana es un decálogo para mostrar respeto. Los cuatro primeros mandamientos nos enseñan a mostrar respeto por Dios, por Su majestad, Su poder, Su nombre (Éxodo 20:1-11; Deuteronomio 5:6-15). Los otros seis nos enseñan a mostrar respeto por nuestro prójimo, su autoridad (nuestros padres), su vida, su propiedad, su cónyuge, su reputación (Éxodo 20:12-17; Deuteronomio 5:16-21).

Jesucristo nos pone la muestra de cómo del amor brota el respeto. Respeta y devuelve su dignidad a la mujer.

Respeta la libertad: “el que quiera seguirme…”. Pide, no exige, y entrega hasta la última gota de sangre.

Hablando de respeto, en el ámbito matrimonial, el Papa Francisco en el número 127 de “Amoris Laetitia” (La Alegría del Amor), nos dice que “el amor de amistad se llama «caridad» cuando se capta y aprecia el alto valor que tiene el otro. La belleza —el «alto valor» del otro, que no coincide con sus atractivos físicos o psicológicos — nos permite gustar lo sagrado de su persona, sin la imperiosa necesidad de poseerlo. En la sociedad de consumo el sentido estético se empobrece, y así se apaga la alegría. Todo está para ser comprado, poseído o consumido; también las personas. La ternura, en cambio, es una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta.

Nos lleva a vibrar ante una persona con un inmenso RESPETO y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad. El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades. Esto me permite buscar su bien también cuando sé que no puede ser mío o cuando se ha vuelto físicamente desagradable, agresivo o molesto”.

En esta Pascua, invito a todos los matrimonios a crecer en el respeto a ejemplo y con la ayuda del Señor Resucitado.

Continuará…

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