Tecnología y elecciones: ¿Agua y aceite?

Samuel Hiram Ramírez Mejía / Maestro de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM

En las últimas semanas no ha habido un solo aspirante independiente a la Presidencia que no se haya quejado de la aplicación (app) autorizada por el INE para la recopilación de los apoyos ciudadanos. Que si es muy lento el proceso, que si es inequitativo porque no contempla la falta de conectividad en el país, que si da un trato desigual a las y los aspirantes. Desde mi perspectiva, mucho de este problema se centra en la aceptación o no de la tecnología en la administración de las elecciones en México. En cierto sentido, expresa una percepción cultural que mira a la tecnología y a las elecciones como quien ve al agua y al aceite: irreconciliables.

Debe decirse que no es este el primer procedimiento que gracias a los avances tecnológicos se han hecho cada vez más eficiente. Tal vez el primero de ellos haya sido el registro de electores.

En efecto, para quienes contamos más de cuarenta años de edad, no es fácil olvidar lo traumático que resultaron nuestros primeros trámites de la credencial de electoral, ya que registrábamos nuestros datos siempre en formatos de papel, solamente en el módulo que exactamente correspondía a nuestro domicilio, y, lo más grave aún, debíamos esperar semanas y semanas para que nos entregaran la credencial de elector. Esos trámites lentos están en el pasado; ahora, todo es a través de conectividad, transmisión de datos e imágenes en tiempo real y el tiempo de respuesta es muy rápido. Tanto cambió la teconología estos trámites que, prácticamente, los juicios en contra de la no expedición de la credencial han caído prácticamente en desuso.

La app aprobada por el INE para recopilar el apoyo ciudadano, si bien puede tener mejoras en cuanto al tiempo y administración de la información capturada, permite al menos dos ventajas que abonan a la eficiencia de la administración del proceso electoral. Por una parte, reduce la probabilidad de que se generen registros que no correspondan con la voluntad de las y los ciudadanos; es decir, garantiza que cada apoyo corresponda efectivamente a una persona. Y por la otra, permite normalizar el uso de la teconología en las elecciones, preparándonos para utilizarla en la recopilación de apoyos de las consultas populares, de una iniciativa popular, y, por qué no, en la emisión del sufragio al menos desde el extranjero y en la constitución de nuevos partidos políticos.

La teconología no es responsable de que las cinco personas mejor posicionadas para ser independientes a la Presidencia lleven tan poco avance. Prueba de ello es que hay aspirantes a otros cargos con porcentajes de avance importantes; por ejemplo, Pedro Kumamoto, quien al inicio de esta semana ya contaba con un 22 por ciento de avance en su proyecto de ser Senador Independiente por Jalisco; o los cinco aspirantes a diputaciones federales en Nuevo León, con más del 20 por ciento de avance a la misma fecha.

No, en esta etapa lo que está impidiendo el avance de los independientes a la Presidencia es, en primer lugar, su atomización; y, particularmente, una resistencia cultural que impide armonizar teconología y elecciones y que no nos deja abandonar la visión de que son agua y aceite, cuando tecnología y elecciones son perfectamente conciliables.