Más alternativas contra el desorden urbano

Por Rafael Nanclares / Asesor Internacional en Infraestructura y Movilidad

Aceptado el desorden urbano en México ¿qué debemos hacer?

En este tercer artículo expondré unas estrategias para combatir el desorden urbano en las ciudades latinoamericanas: la movilidad sostenible, en especial los sistemas de transporte masivos.

En este contexto, la movilidad sostenible se entiende como aquella compuesta por sistemas de transporte masivo, amigables con el medio ambiente, libres de combustibles fósiles, que privilegian medios no motorizados. La movilidad sostenible tiene múltiples beneficios ambientales y económicos para las ciudades, pero es importante ampliar dos: uno es que posibilitan el encuentro de las todas las clases sociales en su interior y el segundo es su papel como ejes estructurantes del ordenamiento urbano de las ciudades.

Los sistemas de movilidad sostenible permiten que todas las personas de la sociedad se encuentren: bien sea al caminar por amplias, arborizadas y seguras banquetas que promueve la convivencia; al interactuar en una vía exclusiva para bicicletas; al viajar en tranvías, trenes, BRT buses articulados (como la Ecovía), en cables aéreos y sistemas de metro. Al convertir estos sistemas de movilidad en lugares de encuentro se crean sociedades equitativas y oportunidades de consolidar el capital social y la cultura ciudadana tan ausente en nuestra Latinoamérica, permitiendo la consolidación de sociedades modernas y viables.

Al mirarnos los unos a los otros en estos sistemas de movilidad sostenible se hace evidente que todos somos parte y dueños de la ciudad, ciudadanos iguales sin importar la condición social, nace la empatía por el otro y se reconoce que las dificultades de los más desfavorecidos son barreras para todo el conjunto de ciudadanos. Dicho de otra forma, los problemas son de todos los ciudadanos y de toda la ciudad. Estos sistemas de movilidad sostenible nos brindan conocimiento de forma directa de la ciudad y sus pulsaciones, se pierde el miedo por el otro a través de la interacción diaria, mirándonos, oliéndonos, escuchándonos, sintiéndonos, enriqueciéndonos de nuestra esencia reflejada en la cara de las personas de todas las zonas y realidades de la ciudad. Al reconocer que somos iguales y tenemos los mismos derechos podremos vencer la desigualdad de nuestras ciudades que es una causa fundamental del desorden urbano. No puedo dejar mencionar que los sistemas de movilidad sostenible combaten la pobreza de forma efectiva, dado que a los más desfavorecidos de las ciudades el transporte les representa del 30% al 40% de sus ingresos, por esto la inversión en sistemas de movilidad sostenible se convierte en una herramienta para combatir la pobreza y la desigualdad de nuestras ciudades.

Ahora el segundo beneficio de los sistemas de movilidad sostenible, su papel como eje estructurante del ordenamiento urbano de las ciudades lo desarrollare en el siguiente y último artículo.

 

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